Bienestar

Niños prematuros

Niños prematuros


Con las atenciones adecuadas pueden superar algunas de las dificultades de nacimiento.


Proporcionándoles un servicio completo de cuidados diarios además de las necesarias prestaciones médicas nutricionales, podemos lograr que la mayoría se desempeñen a niveles normales a más tardar para los 18 meses


La duración del embarazo se considera normal cuando el parto se produce entre las semanas 37 y 42, lo que se denomina “parto a término”; cuando el niño nace antes de 37 semanas se llama “prematuro o pre-término”; el niño nacido antes de este tiempo de gestación está “inmaduro” por lo que es frecuente que tengan dificultades para controlar su temperatura, respiración y alimentación. Los cuidados en la Unidad de Neonatología le proporcionan ayuda en estas tres funciones esenciales. Los avances en los tratamientos neonatales, hace posible que estos niños puedan nacer y crecer normalmente.

Ser prematuro significa que en sus cuerpitos no se ha completado la maduración de sus órganos y sistemas (respiración, control de temperatura, digestión, metabolismo, etc.) esto le hace más vulnerable a las enfermedades y más sensible a los agentes externos (luz, ruido, etc.).

Inmediatamente después de nacer los prematuros tienen mayores dificultades para ajustarse que los bebés a término, puesto que es más complicada su adaptación a los procesos básicos de circulación, respiración y control de temperatura, problema este último que es habitual entre ellos, pues tienen pocas células grasas que les permitan mantener el calor corporal.

Muchas veces se cree que los efectos del nacimiento prematuro pueden perdurar después de la infancia. A pesar de que diversos estudios indican que esos niños sufren más enfermedades durante los primeros tres años, califican más bajo en las pruebas de CI (Coeficiente Intelectual) y son ligeramente más propensos a los problemas de conducta que los bebés a término; se ha comprobado, según recientes investigaciones, que esto podría llegar a ser cierto sólo para una escasa proporción -menos de un cuarto- de los niños prematuros. En muchas ocasiones se detecta que los problemas posteriores de estos niños pueden también provenir del modo en que fueron tratados durante sus primeras semanas.

Es importante comprender que es posible compensar algunos de los efectos perjudiciales del nacimiento prematuro con un medio enriquecido durante el primer año de vida con una crianza más activa.

Proporcionándoles un servicio completo de cuidados diurnos además de las necesarias prestaciones médicas nutricionales, podemos lograr que la mayoría se desempeñen a niveles normales a más tardar para los 18 meses; aunque se ha demostrado que recibiendo las mismas prestaciones institucionales, pero criados en la casa y no bajo programas de Centros Educativos, se tardaron más en alcanzar los niveles normales y sus deficiencias en el desempeño seguían apreciándose a los dos años.

Un niño que reciba la atención médica apropiada, nutrición y cuidados durante los comienzos del desarrollo no tiene porqué estar en serias desventajas por las circunstancias de su nacimiento.