Formación

El niño y la cultura del consumo

El niño y la cultura del consumo


El fenómeno del consumismo se desarrolla para satisfacer una necesidad, aunque ya no compramos sólo aquello que necesitamos, sino lo que la moda y la oferta ofrecen.

Los niños y jóvenes son los mejores consumidores y un blanco importante de la publicidad, pues no sólo gastan su dinero sino que también ejercen influencia en las decisiones de consumo de sus padres. Los padres no debieran dar todo, no por falta de dinero, sino porque se debe enseñar que en la vida no se puede tener todo.

Un niño que nunca recibe un “no” de sus padres, desarrollará una baja tolerancia a la frustración, lo que más adelante puede dar lugar a debilidad, inmadurez, violencia y conductas adictivas. El “no” de los padres frustra, pero también organiza y traza límites.

¿Como combatir el consumismo?

El medio más eficaz de combatir el consumismo es la prevención, entendida como un proceso continuado de orientación educativa, que debe comenzar desde la primera infancia.

Estimula la capacidad de crear. Lo niños deben entretenerse y utilizar las cosas como un medio y no como un fin: dejar que los niños tengan “carencias materiales”, analizar con los niños sus necesidades reales y prioritarias, la utilidad y el valor real de las cosas, acompañarlos en las decisiones para neutralizar la presión de los medios de comunicación.

Fomenta el trabajo. Desde muy pequeño, el niño debe saber que el dinero se gana trabajando y no sale “mágicamente” del cajero. Se debe establecer una paga, hacerle responsable de su uso y ser firme en los términos pactados. No se deben premiar con dinero (sí con palabras) las acciones que de todos modos debería hacer (tareas del colegio, asearse, recoger).

Estimula el ahorro. Establecer límites al uso del dinero, procurando que el dinero no se gaste inmediatamente. De todas formas, permita a los niños equivocarse, es fundamental que tengan claro que si gastan más de la cuenta usted no les dará más dinero inmediatamente.

Sea ejemplo de lo que predica a sus hijos. No olvide que usted es el modelo que ellos van a seguir, para bien o para mal, durante su propia vida adulta. Saque ventaja de esta influencia y regale a sus hijos una conducta responsable y una conciencia clara de lo que significa el dinero, el trabajo y la felicidad.