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¿Qué diferencia a los niños felices?

¿Qué diferencia a los niños felices?


Como padres, siempre estaremos velando por la felicidad de nuestros hijos, si queremos tener hijos felices debemos ayudarlos a que actúen y se desenvuelvan en un ambiente positivo con una actitud positiva.


Los niños felices viven en el presente.

Por lo general, los niños son más expertos en eso que los adultos. No viven esperando que algo bueno pase, se enfocan en el momento y aprovechan al máximo las experiencias actuales.

Puedes fomentar en tu familia esta cualidad Promoviendo el hábito del perdón, las personas que perdonas se liberan de vivir bajo la sombra de viejos rencores y se dan la oportunidad de ser felices dejando atrás las experiencias negativas.

Los niños felices tienen tiempo y espacio libre.

Para que tus hijos sean felices, no les sobrecargues con actividades y responsabilidades más allá de su edad. La escuela es prioridad. La actividad principal de tus hijos es cumplir con las expectativas de su vida escolar.

Cuando hay actividades extracurriculares, es bueno que tus hijos escojan participar en una clase o un equipo deportivo según sus propios gustos.

Los niños felices ven el lado positivo.

La gente feliz tiene la capacidad de buscar lo bueno, tanto en las personas como en los eventos. Alguien que sabe ver lo mejor recibirá lo mejor: la gente se comporta como nosotros esperamos. También es importante siempre buscar una solución positiva a los problemas en vez de dejarnos agobiar.

Este don de optimismo se hereda, o se enseña por el ejemplo. En casa puedes fortalecer esta actitud asegurándote que tú también proyectes una actitud positiva hacia la vida.

Los niños felices saben que ellos pueden.

Saberse competente para resolver problemas y enfrentar retos con éxito es la llave del poder. ¿Dejas que tus hijos se equivoquen, y que busquen corregir sus propios errores? Todas estas prácticas en casa son claves para que los niños se sientan útiles y capaces.

Una persona que se sabe valiosa y competente para participar en la vida familiar y escolar tiene orgullo y pertenencia, dos ingredientes esenciales para la felicidad.

Los niños felices no son perfeccionistas.

Para ser felices, hay que ser realistas, aceptando que nadie es perfecto. En primer lugar, en casa tus hijos deben aprender a aceptarse a sí mismos, permitiéndose los errores y teniendo tolerancia a la frustración. La paciencia con uno mismo es primero: es la base para ir aprendiendo y creciendo.

Aceptar a los papás con todos sus defectos es uno de los retos más grandes para un niño. Superar este reto educa a tus hijos a ser generosos y tolerantes con los demás.

Los niños felices se divierten.

Poder celebrar y gozar cada instante es la esencia de vivir contento. Atesora los momentos de convivencia, cuando tú tengas el privilegio de que tus hijos compartan su perspectiva única y sencilla sobre el mundo.

Si todos pudiéramos vivir como niños, seríamos más felices.