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Los Cólicos del Lactante

Los Cólicos del Lactante


Los cólicos son muy usuales en los bebés entre 1 y 3 meses. Se cree que se deben a que el sistema digestivo no está del todo desarrollado. Ante todo se necesita mucha paciencia, ya que poca cosa puede hacerse sino es intentar calmar al bebé. Y, aunque el bebé está sano, el llanto que provocan los cólicos es uno de los motivos de más angustia de los padres primerizos. 

El término cólico se aplica a un niño menor de 3 o 4 meses y describe un llanto durante el cual su cara está enrojecida y levanta las piernas, moviéndolas como si le doliera el abdomen.

Este llanto se presenta en forma de crisis, generalmente por la tarde, mientras que el resto del día el niño suele estar contento. Puede durar varias horas y generalmente no cede utilizando todos los métodos de consuelo posibles. La duración y la intensidad pueden ser muy variables y generalmente se asocia a la ingesta.

Muchos pediatras lo consideran normal, aunque para la mayoría de los padres es una situación difícil de soportar. Su causa no es conocida y generalmente los niños están sanos y crecen bien. Si los padres son incapaces de consolar al niño y están angustiados, deben consultar al médico, quien les tranquilizará.

¿Qué podemos hacer?

  1. Intentar consolar al niño: ofrecerle el pecho o el biberón, cambiarle el panal, hacerle eructar, cogerlo en brazos y mecerlo, andar con él encima del hombro, envolverlo en una manta o en una toquilla y llevarlo pegado al cuerpo, poner música o pasearlo en el cochecito.
  2. Se pueden emplear algunos métodos excepcionales, como tumbarlo boca abajo encima de una bolsa de agua caliente envuelta en una toalla o bañarlo en el momento del día en el que llora: el baño caliente relaja a la mayoría de los niños.
  3. Se puede intentar utilizar el chupete para que el niño se calme mientras succiona continuamente.
  4. No hay que emplear ningún medicamento sin el consejo del médico.
  5. Los padres deben estar relajados y preparados para el momento en el que el niño llorará. Hay que intentar conseguir una atmósfera relajada que calme al niño y a los padres, que deben darse cuenta de que la situación es pasajera y carece de mayor importancia.