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Tres formas sencillas de controlar el estrés

Tres formas sencillas de controlar el estrés


Aquí vamos a comentar algunos trucos que podemos usar para controlar esos momentos de tensión o de estrés que todos sentimos en alguna ocasión. Una forma sana de vivir la vida, es no permitirse estresarse demasiado y, por supuesto, que este estado no dure muchos días. Sin embargo, hay gente que no lo puede controlar tan voluntariamente. Las personas que no controlen su estrés pueden usar estas tres habilidades.


Valora las situaciones agradables

La primera forma y más sencilla es decidir encontrar de vez en cuando un día bueno. Busca un día en que te encuentres bien de estado de ánimo e intenta valorar las situaciones agradables que vivas ese día (positivización del pensamiento). Lo habitual, es que nos esforcemos más duro cuando nos sentimos peor. El dolor causa una fuerte motivación para emprender acciones requeridas para cambiar conductas desadaptadas.

Sin embargo, cuando nos sentimos un poco mejor, pensamos que el estrés definitivamente ya ha pasado y no nos esforzamos por seguir pensando de modo agradable y tranquilo. Para considerar que ya estamos sanos emocionalmente necesitamos modificar pensamientos y conductas después, mantenerlas modificadas, de tal forma que pasadas situaciones estresantes nuevas, sigamos seguros de nuestros cambios. Ante una situación ansiógena nueva, no experimentaremos una recaída en las viejas pautas estresantes de acción. Recuerda que controlar y modificar los pensamientos negativos es más sencillo hacerlo cuando estamos en un día bueno.

Escucha a tu cuerpo y satisfácele

Otra forma sencilla de controlar el estrés es escuchando al cuerpo para satisfacerlo después. Muchas ocasiones estamos estresados porque estamos cansados, hambrientos o enfermos. Lo mejor es ser hábil en identificar los primeros síntomas:
estres01- Irritabilidad.

- Tensión o dolor (lugares habituales son la cabeza, el cuello, los hombros, el estomago, los brazos o las piernas).

- Un cambio en el modo en que utilizas el lenguaje (a menudo el uso incrementado de palabrotas, reprimendas, sarcasmo u otro lenguaje negativo que normalmente no utilizas).
- Emotividad incrementada (llegas a estar perturbado o excitado más fácilmente de lo normal).

- Incapacidad para concentrarte o pensar correctamente.

- Memoria deficiente (no puedes recordar las cosas tan bien como lo haces habitualmente, incluso olvidas cosas importantes).

- Comportamientos o pensamientos inusuales como tamborileo con los dedos, pensamiento acerca de las enfermedades graves o la muerte.
Si sientes estos signos es posible que tengas que organizar tu vida de otro modo, por ejemplo tomándote unos días de descanso, acudiendo a algún especialista en estrés o cambiar a una alimentación más variada y sana.

Saber manejar este desajuste emocional
El tercer truco importante en el control del estrés es tener en cuenta y, por tanto, saber tolerar que manejar este desajuste emocional es una tarea complicada. Se suele decir que avanzamos tres pasos y retrocedemos uno. Normalmente solemos controlar el estrés y avanzamos en tomarnos la vida de un modo más tranquilo, pero a veces tenemos algún día pesimista. Esto es normal ya que el manejo del estrés no es una tarea continúa. Habrá momentos en los que vuelvas a pensar en negativo. Un pensamiento negativo no es preocupante, el hacerlo diariamente puede desencadenar un problema serio de estrés.

No permitas que aparezcan en tu pensamiento frases como “nunca seré capaz de controlar mi agobio”, “las cosas siempre me salen mal” “todo lo malo me pasa a mi”. Este tipo de verbalizaciones sólo hará que te sientas desagraciada y no te dejará disfrutar de la vida. Recuerda que esto no es un fracaso, sólo una parada para tomar impulso hacia adelante.

El estrés generalmente viene provocado por el ritmo de vida que llevamos
Pasamos muchas horas trabajando lo cual hace que sintamos que no tenemos espacio para el ocio y las relaciones interpersonales. Sin embargo esto no es cierto, sí tenemos días de inactividad laboral y horas de ocio al acabar la jornada laboral. Lo que ocurre es que llenamos el día de tareas “que tenemos que hacer” y no nos damos cuenta que el ocio es para disfrutarlo no para llenarlo de obligaciones. Esta sociedad nos ha enseñado a ser muy competitivos y a hacer todo con mucha prisa.

Esto provoca que no disfrutemos de las actividades porque no son agradables y tranquilas, sino una competición por ser “el mejor”. No permitas que el ritmo y el esfuerzo laboral sigan cuando hayas terminado tus obligaciones. Intenta vivir pausada y positivamente, es una garantía de no tener estrés.

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