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Construyendo el amor: El amor se construye entre dos

Construyendo el amor: El amor se construye entre dos

 

 

 

 

 

 

La felicidad se decide en el amor, en amar y ser amado. Nadie puede ser feliz sin referencia al amor. El amor es la vocación del hombre, aquello que nos hace felices.

El hombre no puede vivir sin amor, su vida carece de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente.

El amor conyugal se convierte entonces en el acto de mayor perfección del amor en la pareja, porque parte de una donación de sí mismo. Una pareja de novio se puede querer en locura, pero en el matrimonio donde uno sirve y voluntariamente se dona, se da por entero al otro.

¿Qué viaje queremos hacer?

Construir el amor en pareja es una responsabilidad de dos, que se asemeja a hacer un viaje con un compañero (a) a nuestro lado y que nos llevará a un destino final, según como alimentamos nuestro matrimonio, las reglas que sigamos, nuestro comportamiento tendremos una relación funcional o disfuncional.

1. Debe haber amistad.

Genera: Confianza. Se trata de fomentar la sensación de estar a gusto compartiendo juntos.

2. La entrega Básica

Genera: Generosidad, una entrega total de sí mismo. El deseo de la pareja no puede consistir en buscar el propio bien.

3. El dominio de sí mismo.

Genera: Fortaleza. El deseo incontrolado de quien no quiere ni puede asumir las responsabilidades de una convivencia, lleva a convertir al otro en objeto y material en uso.

4. El amor es una decisión.

Amar es ante todo un acto de voluntad y libertad. Yo voluntariamente y libremente he decidido amar a mi pareja.

5. Cuidar el contenido interior.

Genera: Transparencia y Fidelidad. Para tratar a la pareja con justicia y amor los gestos deben ser sinceros, puesto que estos gestos son los que posibilitan la unión generosa, entrega mutua y la fidelidad.

La ternura, la sonrisa y los toques físicos hacen que una pareja llene de detalles sencillos la vida juntos, haciendo que el amor madure y perdure.

Esa complicidad que se genera es una afirmación del otro que se da cuenta de que su presencia es valorada.

Y finalmente...

Dejarse amar por Dios, si ponemos este sentido de amor recibido por el altísimo seremos capaces de amar y perdonar como él lo hace con nosotros todos los días de nuestras vida. Esa certeza nos mantiene unidos, en paz y en un gozo interior que nada externo lo puede derribar.

Escrito por: Marta Rodríguez, Psicóloga clínica, Terapeuta familiar y de pareja

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