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¿Tener razón o ser feliz?

¿Tener razón o ser feliz?


La respuesta parece simple, pero no siempre lo es. Para muchos tener la razón los hace felices... o por lo menos, lo ven así. Las discusiones suelen ser frecuentes en muchas relaciones, ya sean de trabajo o personales. En el trabajo, tener la razón puede significar conseguir el resultado deseado y, por lo tanto, ser eficiente. En las relaciones personales es diferente.  Hoy me concentraré en estas últimas.

Hay circunstancias que tener la razón no es de importancia.  Escucho y vivo discusiones banales que sólo llevan a malos momentos y desencuentros que suelen durar horas, días y hasta semanas.

  1. ¿Es importante ganar una discusión? Creo que casi nunca lo es.  Tener la razón no me trae nada positivo si la otra persona no acepta que la tengo.  La mayoría de las discusiones terminan con un ganador virtual y un perdedor que sabe que no perdió.  Ya lo dijo Galileo cuando perdió su más famosa discusión: “El sol gira alrededor de la tierra, pero la tierra seguirá girando alrededor del sol.”  O sea, tres perdedores reales: Los dos pierden a la vista del contrario y también pierde la relación.
  2. ¿Qué pierdo si no la gano? Muchas veces sólo puedo perder mi orgullo.  Simplemente algo que aparenta ser más importante que mi tranquilidad y la relación.  Demostrar nuestro punto de vista no sirve de mucho en la mayoría de las discusiones.  Gran parte de las personas se empecina en tener la razón, no en encontrar la verdadera solución.
  3. ¿Qué vale más, una victoria o la paz en mi vida? Cada uno debe decidir.  Hay personas que sienten que su paz es ganar cada discusión.  La mía es diferente y la trato de construir con cada acción.
  4. ¿Es esa relación tan poco importante que mi orgullo vale más? No todas las relaciones son importantes.  Si quiero mantener una relación con una persona que sienta que me aporta a mi vida, entonces aprenderé hasta donde puedo dialogar con ella y hasta ese punto llegaré.  Si es una persona que no me aporta y emocionalmente me desequilibra, entonces evitaré ese contacto.  No seré enemigo, sólo tendré el contacto necesario para no colocar en mi vida emociones que no quiero tener.
Conocemos personas con las que no se puede dialogar; ellos gustan de tener la razón y terminamos discutiendo... ¿Vale la pena? Para mí no la vale. Prefiero abandonar el diálogo cuando aseguran que el sol gira alrededor de la tierra. Pero no entraré en una discusión que no me aportará nada y destruirá la relación que pueda tener con esa persona.

Las relaciones son tierra fértil para los conflictos, lo ideal es no poner semillas conflictivas en esa tierra.

Por: Diego A. Sosa. Coach, Escritor, Consultor y Conferencista